Consumir mucha azúcar puede ocasionarnos problemas de salud, desde caries hasta obesidad y diabetes. Por esto suena razonable que bajemos la cantidad de azúcar que comemos, pero, ¿qué pasa si la dejamos por completo?

Bajo en carbohidratos

En general pensamos en el azúcar, como esa sustancia cristalina que le añadimos a algunos alimentos dulces o a nuestro café, pero esa es solo la sacarosa, uno de los muchos azúcares que existen.

Los azúcares forman parte de un tipo de nutrientes: los carbohidratos. Estos junto con las proteínas y los lípidos, son vitales para que nuestro organismo funcione correctamente.

Los carbohidratos los podemos clasificar en azúcares, almidones y fibra. Esta última en realidad no es un nutriente, porque es un tipo de carbohidrato que no podemos digerir, pero que es muy importante para los procesos de la digestión.

Dentro de las muchas tendencias de nutrición actuales existen las dietas bajas en carbohidratos, en las que se limita al mínimo el consumo de alimentos como papas y pan, que contienen almidones y todo lo que contenga azúcares, como los refrescos y postres.

Azúcar

No contiene azúcar

Los azúcares son importantes para el cuerpo porque proporcionan energía: la respiración celular es el proceso metabólico en el que estos compuestos se convierten en adenosín trifosfato, ATP, la molécula que nuestras células pueden aprovechar como recurso energético.

Buena parte del funcionamiento de nuestro organismo depende de la ingesta de azúcares: nada más el cerebro consume un 20% de la energía que se produce, a partir del metabolismo de la glucosa.

Así que si dejamos por completo los azúcares podría ser que nuestro cuerpo no funcione completamente bien. Pero resulta que el cuerpo tiene un mecanismo “de rescate” para esas situaciones.

Por un lado, el metabolismo de los lípidos puede proporcionar energía y por otro, también puede producir glucosa a partir de compuestos como los aminoácidos, que obtenemos de las proteínas, en el proceso que se llama gluconeogénesis.

Banana

Sin calorías

Las dietas bajas en carbohidratos se basan en esos mecanismos en los que el cuerpo aprovecha otros nutrientes que tiene a la mano en lugar de carbohidratos, y por esa razón, si son seguidas adecuadamente y con acompañamiento médico, pueden dar beneficios.

Pero es prácticamente imposible, y no del todo saludable, que dejemos de comer azúcares por completo.

Si comemos frutas y verduras estamos ingiriendo carbohidratos: en algunas más que en otras, lo que podemos notar en su sabor, por ejemplo un plátano tiene más azúcares que un pepino, pero al final de cuentas todas las frutas y verduras contienen cierta cantidad de carbohidratos.

Si no queremos excedernos en nuestro consumo de azúcares, la respuesta no está en dejar las frutas, sino en limitar nuestro consumo alimentos procesados a los que se les añade azúcar, o tomar refrescos o bebidas dulces.

Porque no es posible sobrevivir sin consumir “calorías”, pero sí es importante que la mayoría de ellas vengan de alimentos que nos aporten otros nutrientes y no solo energía. Piensen en eso cuando hagan su lista del súper.