Lille, Francia, 31 de julio de 1697. Jacques Sennacques le envía una carta a su primo, el comerciante Pierre Le Pers, que vive en La Haya, Países Bajos. Por alguna razón, la carta queda en poder de Simon de Brienne, y nunca llega a su destinatario.

Año 2021. Investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres analizan la carta. Esta permanece cerrada gracias a un sistema de protección, utilizando rayos X dentales.

Sin tener que abrir la misiva, para evitar que se rompa, los científicos leyeron los detalles. Y esta es apenas una de las cientos de cartas de la denominada Colección Brienne, todas en un baúl encontrado en La Haya en 1926.

 

La nueva función de los rayos X dentales

Los rayos X dentales, con su alta sensibilidad, permiten mapear el contenido mineral de los dientes. Pero ahora cuentan con una nueva función.

“Esta alta sensibilidad también ha permitido analizar ciertos tipos de tinta en papel y pergamino”, indica Graham Davis, uno de los investigadores.

La carta analizada por los investigadores.

“Es increíble pensar que un escáner diseñado para los dientes nos ha llevado hasta aquí”.

Después del escaneo de microtomografía de la carta de Sennacques a Le Pers, el equipo de investigadores diseñó un algoritmo para separar sus capas. Recordemos que esta permanece cerrada. Con el algoritmo, se hace un “despliegue virtual”.

 

El “secreto” de la carta de Sennacques a Le Pers

¿Qué contiene la carta de Sennacques a Le Pers? Una solicitud de una copia certificada de un aviso de muerte de Daniel Le Pers, presumiblemente familiar del segundo.

“A veces el pasado se resiste al escrutinio”, reflexionan los investigadores. “Podríamos simplemente haber abierto estas misivas. Pero en su lugar nos tomamos el tiempo para estudiarlas por sus cualidades ocultas, secretas e inaccesibles”.

Baúl de Brienne, donde se encontró la carta.

“Usar el despliegue virtual para leer una historia íntima que nunca ha visto la luz del día, y que ni siquiera ha llegado a su destinatario, es verdaderamente extraordinario”.

Los resultados de la investigación de la Universidad Queen Mary pueden encontrarse en el link de Nature Communications.